Hola, soy Val. Miren tengo 26 años, los cumplí el 18 de este mes, y mi amigo cumplió años el 13.
La verdad, yo no tenía nada de dinero para su cumpleaños, pero aun así hice lo posible por decorar su casita el martes, porque quería tener un detalle bonito con él.
El viernes me dijo: «Vete, ocupo que no estés. Voy a ir por tu regalo». Yo le creí. Nos fuimos juntos hacia el metro y, antes de separarnos, le pregunté si estaba seguro de que no podía ir con él. Me dijo que no, así que me fui sin sospechar nada.
Al día siguiente, su papá me mandó mensaje, preocupado porque mi amigo no había llegado a su casa y no respondía los mensajes. Yo le dije que había estado conmigo y que la última vez que lo vi fue en el metro. Su papá intentó comunicarse con él, pero tampoco obtuvo respuesta.
Llegó el domingo. Me desperté, arreglé mi casa y esperé a mi amigo, porque de verdad quería verlo. Lo vi activo en Instagram y pensé que estaba bien, pero no llegó ni me mandó un mensaje para felicitarme por mi cumpleaños.
Y sí, era mi cumpleaños.
Llegó el lunes y pensé en proponerle que saliéramos. Esta vez yo tenía dinero y quería pasar un rato con él, pero no me respondió. Tampoco lo vi en la escuela y se me hizo extraño.
El martes lo esperé. Lo vi irse y no me dijo nada, no me buscó ni se acercó a hablar conmigo. Me quedé esperándolo durante siete horas, hasta que finalmente me cansé. Cuando llegó el momento de irme, estaba en la base del camión y sentía unas ganas enormes de llorar.
Verán, en mi casa nadie me había felicitado por mi cumpleaños. Yo solamente quería verlo a él. Quería sentir que, al menos, tenía a alguien que estuviera ahí para mí.
Después, lo vi en la parada del camión. Se acercó y me dijo que fuéramos a su casa, pero le dije que no porque ya no podía contener las ganas de llorar. De verdad me había lastimado.
Insistió en que fuéramos a hablar y, al final, acepté. Hablamos y poco a poco me tranquilicé. Sin embargo, había algo que seguía dándome vueltas en la cabeza, así que le pregunté por qué no había llegado a su casa aquella noche.
Tardó en responderme, pero finalmente me dijo que había ido a un toquín y que se había quedado ahí.
Entonces entendí que el día que supuestamente iba a ir por mi regalo, en realidad había ido a un toquín.
Le pregunté con quién había ido y me respondió: «Pues con ella».
Me quedé callada por un momento, porque recordé que anteriormente también había ido con esa chica al cine a ver una película de Ghost. Y Ghost es una de mis bandas favoritas; era una película que yo quería ver con él.
Y ahora, en mi cumpleaños, había vuelto a pasar lo mismo. Otra vez había elegido pasar ese tiempo con ella.
Sentí un nudo horrible en la garganta y comencé a llorar. Le preguntaba por qué ella y no yo, por qué había hecho eso precisamente en un día tan importante para mí, pero él no me daba una respuesta que me ayudara a entenderlo.
Estaba tan dolida y enojada que terminé diciéndole:
«La bloqueas o desaparezco de tu vida».
Cuando digo que voy a desaparecer, hablo de contacto cero. Soy capaz de alejarme por completo, incluso de cambiarme de escuela para no volver a verlo, porque no quiero seguir sintiendo este dolor.
Para ese momento ya estábamos en su casa. Le expliqué que mi cumpleaños era muy importante para mí y que me había dolido muchísimo que me dejara de lado. Le pregunté si de verdad la quería tanto como para preferir estar con ella en lugar de conmigo ese día.
Entonces me dijo que había olvidado sus audífonos con allá.
Me enojé muchísimo. Llamé a una amiga para ir a su casa.
Yo también estaba destrozada. Le agradecí por todo lo que había hecho por mí y le dije:
«No te preocupes, ya la elegiste a ella. Ve con ella de nuevo».
Recogí mis cosas de su casa y me senté frente a él. Lo miré, lo abracé y le dije: «Gracias por todo».
Antes de irme, me mostró su celular y vi que ya la había bloqueado. Sin embargo, no me sentía bien. Pensé que ver eso me tranquilizaría, pero sigo sintiendo ese nudo en la garganta
No quería que mi cumpleaños fuera perfecto ni que me comprara algo caro. Yo solamente quería pasar un rato con alguien que es muy importante para mí. Quería sentir que yo también era importante para él.
Y creo que eso es lo que más me duele: haber hecho todo lo que estaba en mis manos para hacerlo sentir especial en su cumpleaños, y que cuando llegó el mío, yo terminara sintiéndome tan sola.